¿Cuáles son las fases de una cata de vino?

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Catar un vino es una experiencia sensorial sin parangón. Cada caldo tiene sus propias cualidades y analizarlas exige conocimientos, concentración y un disfrute placentero en el que entran en juego no solo el paladar, sino también la nariz, los ojos, la copa de cristal en la que se sirven los productos, el protocolo a seguir y el escenario, a ser posible bien ventilado e iluminado, silencioso, carente de olores y con una temperatura adecuada. A continuación te damos unas breves nociones sobre las fases en una cata de vinos:

La vista

Para analizar el color, el brillo y los matices del borde, se inclina la copa hasta dejarla prácticamente horizontal. Es importante que portes el caldo por la base del recipiente para no calentarlo.

– Limpidez: mide la pureza de un vino; en concreto, las partículas en suspensión que se aprecian en él. Estas imperfecciones pueden adquirir formas diversas y en función de ellas se dice que un caldo es transparente, brillante, opaco, turbio…

– Color: ha de apreciarse con el vino en reposo y ayudara determinar su cuerpo, edad y estado. Es importante que la sala esté bien iluminada.

El olfato

Acerca tu nariz a la copa sin moverla en exceso para apreciar los aromas primarios del vino. A continuación, gírala suavemente en torno a su eje vertical para distinguir otros matices. Aspira el caldo alternando inhalaciones más suaves con otras más profundas y déjate llevar.

– Franqueza: un vino franco es aquel que no tiene alteraciones ni defectos, el que carece de olores inadecuados.

– Intensidad: se refiere al impacto de los aromas en la nariz. Normalmente los vinos más intensos son menos complejos.

– Calidad: se mide en función de la intensidad y la complejidad aromáticas.

El gusto

Lo normal es dar un pequeño sorbo y mover el líquido de un lado a otro de la boca, utilizando la lengua para un mejor análisis. Terminada la degustación, el vino puede tragarse o escupirse.

– Franqueza: lo mismo que en la fase olfativa, pero aplicado al gusto.

– Intensidad: los sabores también pueden ser más o menos intensos, y, lógicamente, esto es igualmente valorable.

– Persistencia: duración de las sensaciones que siguen apreciándose en la boca después de la ingestión del vino.

– Calidad: varía para cada tipo de vino, no se evalúa igual en los tintos que en los blancos o en los rosados.

Superadas las fases anteriores, normalmente se realiza una final denominada de post-sabor o retrogusto -nuevas sensaciones en el final de boca-, que supone un 30% o 40% en una cata profesional. Has de saber además que los catadores realizan un juicio global denominado armonía y que no todos los parámetros tienen la misma relevancia en el examen.

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