¿En qué se diferencian metáfora y metonimia?

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Metáfora y metonimia son dos figuras retóricas de uso habitual en lingüística y literatura. Su existencia aporta elegancia, ironía y sutileza a discursos orales y textos escritos, fruto del ingenio de autores de toda índole, y, aunque son similares, no son exactamente lo mismo. ¿En qué se diferencian metáfora y metonimia?

La Real Academia Española (RAE) define metáfora como un tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita. Acerca de la metonimia, también la describe como un tropo, pero que en este caso consiste en designar algo con el nombre de otra cosa tomando el efecto por la causa o viceversa, el autor por sus obras, el signo por la cosa significada, etc.

Por resumir, podemos decir que tanto la metáfora como la metonimia sirven para realizar comparaciones, o más bien para evocar unos términos a partir de otros. Eso sí, mientras en la metáfora dichos términos tienen alguna semejanza entre sí, en el caso de la metonimia la relación de causa-efecto, parte-todo, continente-contenido

Ejemplos de metáfora son: “los cabellos son de oro” (rubios), “esta habitación es un horno” (hace calor) o “la tarea es pan comido” (fácil). Son metonimias las siguientes: “beber cuatro copas” (el contenido de las mismas), “este Picasso es mi preferido” (referido a un cuadro del autor) y “no hay ni un alma” (no hay nadie, ninguna persona).

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