¿En quién se basa ‘Ciudadano Kane’?

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Pese a que en 2012, ‘Ciudadano Kane’ (1941) haya sido desbancada por ‘Vértigo’ de la cumbre la prestigiosa lista de mejores película de la historia, según Sight and Sound, la ópera prima de Orson Welles sigue siendo, para muchos, la obra maestra definitiva del cine. No solo por su grandeza formal, ni por la perdurabilidad de su mensaje o su calidad argumentativa, sino por todo lo que supuso para el séptimo arte, tanto en lo que se ve como en lo que no. Pero, más allá de todo ello, la cinta comenzó como una de las mayores críticas a quien fue uno de los hombres más poderosos e influyentes de principios de siglo. Un magnate que, por encima del bien y del mal, llevaba la batuta los periódicos más importantes del territorio, mediante los cuales también dirigía el poder político y económico del país. Figura a la que la propia España debe una de sus últimas guerras internacionales. Empresario que dio nacimiento a lo que hoy en día conocemos como prensa sensacionalista, pero que, al mismo tiempo, transformó a la prensa en el verdadero ‘cuarto poder’.

La vida de Charles Foster Kane se basa, a grandes rasgos, en la biografía de William Randolph Hearts, editor legendario donde los haya que fundó la empresa periodística más grande de EEUU, dando un vuelco tanto a la percepción del periodismo como al modo de hacer periódicos. Hearst es también una de las figuras más controvertidas del siglo XX. Poderoso hombre criado profesionalmente a la sombra de Joseph Pulitzer -con el que tuvo multitud de desavenencias cuando se convirtieron en rivales-, que se atrevió incluso con la política.

Dos veces fue elegido como representante demócrata en la Cámara de Representantes, además de presentarse de manera poco fructífera a la alcaldía de Nueva York en 1905 y 1909 y como gobernador del mismo estado en 1906. Unos puestos desde los que, no obstante, no hubiera tenido ni la mitad de influencia política que controlaba desde su atril privilegiado, como director de su grupo editorial encargado de una colección de diarios y revistas.

Al contrario que Pulitzer -inmigrante de primera generación que llegó a EEUU sabiendo muy poco inglés-, Hearst tuvo desde su nacimiento una posición acomodada, dado que era hijo del ingeniero minero millonario, y futuro senador, George Hearst. El futuro magnate estudio en Harvard, donde, por supuesto, fue miembro de la fraternidad Delta Kappa Epsilo. En busca de un trabajo en el que gastar su tiempo, fue a parar en 1887 al San Francisco Examiner de su padre. El dinero le ayudó a construir su imperio. Adquirió las mejores máquina y los mejores escritores -entre ellos, Mark Twain-, y el resto del trabajo se hacía solo. Con una mentalidad claramente populista, Hearst se hizo un nombre por destapar la corrupción política y fiscal del municipio, habitualmente atacando empresas y políticos rivales de su familia.

La influencia que tuvo su diario en la guerra de Cuba de 1898 fue insólita. España llevaba años en un estado de calma tensa con Estados Unidos por su colonia cubana. La guerra entre Cuba y España parecía ir bien para el país europeo, hasta que el acorazado estadounidense Maine explotó en el puerto de La Habana de manera misteriosa. Hearst fue el primero en señalar como culpables de sabotaje a los españoles, empujando -casi obligando- al presidente William McKinley a declarar, a su pesar, la guerra contra España. La victoria en el conflicto, concedió a EE.UU. Panamá.

En solo unos años, el diario era el rey de San Francisco, lo que le hizo viajar hasta Nueva York para recuperar, gracias a a los ahorros de su madre, el New York Morning Journal. Desde allí, catapultó su guerra privada contra Pulitzer, editor del New York World al que le robó casi todos sus colaboradores, así como a Richard F. Outcault, inventor del cómic. Las tiras se convirtieron entonces en una de sus secciones favoritas, que utilizaba para luchar contra los poderes. El sensacionalismo de sus titulares lo convirtió enseguida en el periódico más leído de la gran manzana. Lo que empujó su expansión por todo el territorio. Para 1920 tenía 28 periódicos desperdigados por diferentes Estados, y poseía revistas tan famosas como como Cosmopolitan, Good Housekeeping, y Harper’s Bazaar.

Ninguna de las generaciones venideras del imperio Hearst tendría el poder del magnate, aunque la familia permaneció en el candelero durante décadas. Su hijo, William Randolph Hearst, Jr., fue premio Pulitzer (paradójicamente), aunque más titulares concedió el nombre Patricia Hearst, hija de su cuarto hijo, Randolph Apperson Hearst. Patty saltó a la primera plana de los medios estadounidenses en 1974 cuando, tras su bizarro secuestro por parte del ‘Ejército Simbionés de Liberación’, sufrió una especie de Síndrome de Estocolmo y se unió a sus captoras en los esfuerzos de guerrilla que le llevaron a atracar varios bancos. Siempre deseosa de atención mediática, la joven Patty acabó entre rejas, donde permaneció siete años hasta que el presidente Jimmy Carter conmutó su pena. Décadas más tarde, Bill Clinton firmó su perdón presidencial, lo que el comandante en jefe convirtió en su último acto oficial bajo la Casa Blanca. Sus vivencias han sido parodiadas por películas como ‘Network’ y ‘Anchorman’. Su personaje ha trascendido incluso a la figura de su abuelo. Sin duda, ella se merece otro dantesco biopic.

Las influencias de Hearst en Kane son cristalinas. Aunque Welles basó la figura de Kane también en ricachones de la época como Harold McCormick, Samuel Insull y Howard Hughes, si bien ninguno salía tan mal parado. Incluso la inconmensurable Xanadu se asemejaba a la Hearst Mansion. Tan enfurecido estaba el magnate que, de hecho, utilizó sus abundantes recursos para evitar el estreno de la cinta. Welles y RKO resistieron el envite, pero los amigos hollywoodienses del editor consiguieron que las salas limitaran la entrada en sus pases, lo que hizo a la película un fracaso en taquilla, dañando para siempre la carrera del osado Welles. Sus esfuerzos no evitaron, sin embargo, que Ciudadano Kane trascendiera a su tiempo, convirtiéndose en una de las grandes obras maestras del séptimo arte. La película se llevó el Oscar de Mejor Guion, aunque perdió en las otro ocho categorías por las que competía. ‘¡Qué verde era mi valle!’ de John Ford fue la gran vencedora de ese 1942. Por si todavía hay algún cinéfilo hereje que no haya visto ‘Ciudadano Kane’, no seré yo quien revele el MacGuffin que motiva el sentido argumental, todo lo que Kane siempre había añorado en su vida.

Pese a que sea la primera, la obra maestra de Orson Welles no es la única cinta encargada en analizar la inmensa figura, pública y privada, de Hearst. En 1985, la tv-movie ‘The Hearst and Davis Affair’ relataba la relación romántica entre el magnate (Robert Mitchum) y la mucho más joven actriz Marion Davis (Virginia Madsen), también retratada en la película de Welles. George Hamilton lo interpretaba en el telefilm sobre la guerra contra España, ‘Rough Riders’ (1997) de John Milius.

Otra película para televisión, ‘RKO 281’ (1999), se encargaría precisamente de narrar los problemas acaecidos durante el rodaje de ‘Ciudadano Kane’, así como los intentos de Hearst (James Cromwell) por poner en jaque la producción de Welles (Liev Schreiber). Melanie Griffith se encargaría esta vez del rol de Davies. Dicho personaje tomó la delantera en la cinta de 2001 ‘El maullido del gato’ de Peter Bogdanovich, toda una enciclopedia del cine clásico de Hollywood. En esta ocasión, Kirsten Dunst daba vida a la actriz, acompañada por Edward Herrmann, como su poderoso amante, y de Eddie Izzard, en la piel de Charles Chaplin. Trío amoroso que se embarca en un viaje en barco que acabó en misterioso asesinato.

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