El auge del turismo de aventura

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Hace ya muchos años que las actividades de riesgo y aventura se han convertido en un próspero negocio y el interés no deja de aumentar. De hecho, muchos expertos, señalan esta tendencia al alza particularmente en las sociedades occidentales desarrolladas. El motivo, desde un punto de vista biológico, tiene lógica: el ser humano está diseñado para tener picos de adrenalina. De hecho, esa sensación está integrada en nuestro adn y ha sido fundamental para la supervivencia a lo largo de nuestra historia. La única manera de advertir de los peligros que nos rodean y prepararnos fisiológicamente para combatirlos (como antiguamente la presencia de depredadores, por ejemplo) ha sido, de hecho, mediante esas subidas drásticas de adrenalina.

Hoy en día las sociedades desarrolladas son entornos relativamente seguros, predecibles y carentes de emociones fuertes. Por ese motivo, el ser humano tiende a buscar lo novedoso por doquier. En ese aspecto, el turismo de aventura puede ser uno de los mejores ejemplos para explotar este instinto que nos ha acompañado desde siempre, concretamente, desde que éramos cazadores recolectores, y por ende, nómadas. Así, el denominado turismo de aventura sea para los buscadores de esos picos de adrenalina la mejor variante para dar rienda suelta a la búsqueda de emociones, o riesgo que muchos de nosotros buscan.

Este tipo de turismo es muy apreciado por salirse de lo normal y traer experiencias poco habituales a quienes lo practican, pero los costes son también más elevados. Depende de la actividad que realicemos, dichos costes varían cuantiosamente. Si por ejemplo queremos realizar senderismo o montañismo, deberemos prestar especial atención al calzado, la cantimplora, la mochila o tal vez relojes adecuados como esta variedad de chrono24. Por contra, si deseamos hacer barranquismo, parapente o ala delta, la equipación es todavía mucho más compleja y específica, con lo que la inversión ha de ser todavía mayor.

Pero además de la logística, otro de los aspectos que encarecen este tipo de actividades es que no pueden realizarse siempre en localizaciones cercanas o asequibles. Algunos de los destinos más famosos para este tipo de turismo son por ejemplo: Islandia, Chile, Costa Rica, las Islas Galápagos o Nueva Zelanda. La idea es romper con la zona de confort en todos los sentidos y aprovechar los recursos que ofrecen esta batería de lugares. Por eso no es fácil encontrar lugares apropiados.

Para la práctica de determinadas actividades se hace imprescindible una preparación y certificación previa. Pero aunque no sea de manera oficial, este tipo de turismo suele exigir de ciertas cualidades tanto físicas como estas psicológicas por parte de los participantes. Los psicólogos suelen recomendar a quienes deseen practicar estos deportes que se conozcan bien a sí mismos, y que jamás pierdan el respeto a la experiencia. El hecho de que se trate de peligros controlados no significa que no estén presentes. Por eso se recomienda conocimiento absoluto de la experiencia a la que nos vamos a someter, y una preparación física y psicológica adecuada para afrontar la actividad como es debido.

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