La noche de Halloween

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El próximo 31 de octubre se celebra Halloween. La Noche de los Espíritus, de las calabazas y de los disfraces terroríficos es una de las fechas más importantes del calendario festivo norteamericano y, como casi todos los tópicos de la cultura yanki, ya se ha extendido a la mayor parte del mundo. Sin embargo, el Halloween que paraliza EE.UU. durante un día y una noche, no ha terminado de cuajar en otros países donde su celebración se limita a fiestas de disfraces en colegios, locales nocturnos y poco más. Por eso, para vivir un auténtico Halloween hay que desplazarse hasta un país anglosajón e integrarse de lleno en la fiesta.

Cuenta la leyenda que la noche del 31 de octubre, la puerta que separa el mundo de los vivos y el de los muertos se abre durante unas horas para que los espíritus acudan en procesión a visitar a sus familiares vivos. En los orígenes de Halloween, para evitar que los malos espíritus molestasen, se encendían tantas velas como difuntos hubiese en la familia. Si en alguna casa no se encendían las velas, los espíritus entraban y perturbaban a sus inquilinos con terribles pesadillas. A partir de esta tradición, se fue creando en Norteamérica una fiesta nacional que arrastra todo un mercado de artículos de fantasía relacionados con los muertos y el más allá.

Hoy en día, la noche de Halloween casi todo el mundo se disfraza, se multiplican las hogueras y los niños recorren las casas vecinas pidiendo dulces con el famoso ‘truco o trato’. En las casas se hacen bromas, se cuentan historias de miedo y, por supuesto, se añaden elementos decorativos como calabazas y telarañas. Poco queda ya de la tradición celta que dio origen a la fiesta allá por 1840, pero merece la pena pasar una noche terrorífica made in USA.

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