¿Por qué nos ponemos enfermos cuando empiezan las vacaciones?

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¡Por fin! Ya termina la época de exámenes y se acercan las tan esperadas vacaciones. En los últimos días de clase esperamos ansiosos las notas de fin de curso mientras imaginamos qué haremos durante el tiempo libre. Sin embargo, caer enfermos cuando empiezan las vacaciones no es poco habitual. Hay ocasiones en las que el estrés tras tanto estudiar se puede convertir en un dolor de cabeza, una molestia en la garganta o acabar con la nariz tapada.

¿Por qué sucede?

Por lo general es un fenómeno que aparece mucho en personas que trabajan con gran presión. Intentan llevar todo adelante, aguantan las cargas, y para poder hacerlo su organismo pone a disposición sus reservas. La consecuencia inmediata: la persona pierde resistencia hacia factores externos y se vuelve más propenso a contraer enfermedades, que pueden ser psíquicas o físicas.

Muchas personas se “matan” trabajando y estudiando hasta el último minuto antes de partir de vacaciones. Las hormonas del estrés se encargan de que el cuerpo se mantenga en pleno funcionamiento. Pero cuando el estrés desaparece, el organismo deja de secretar esas hormonas y es precisamente en ese instante cuando caemos enfermos. En la mayoría de los casos, no hay que asustarse: se dan síntomas de resfriado o gripe y tras unos días de recuperación ya estaremos bien.

Reparte bien tu tiempo

Querer abarcar todo en un corto periodo de tiempo para ir sin nada pendiente a las vacaciones puede ser perjudicial para nuestra salud, provocando así que caigamos enfermos cuando empiezan las vacaciones. Hay que evitar estar horas y horas sin respiro, por ello conviene intercalar pausas a lo largo del día para relajar cuerpo y mente. Cómo organizarse para estudiar a buen seguro nos ayudará. Hay que fijar prioridades para que todo resulte más fácil.  Tenemos que saber qué queremos, cuáles son nuestros objetivos. Así podremos descubrir qué es más urgente y qué puede esperar.

En relación a ello, también es bueno reconocer qué tareas del trabajo son las más estresantes y, al verlas venir, respirar y lograr cierta distensión desde la conciencia para encararlas de otro modo. Apoyarse unos segundos en el respaldo, coger un vaso de agua e iniciar el trabajo tras una breve pausa.

No pienses en las vacaciones

Todo a su debido tiempo. No hay que depositar demasiadas expectativas en las vacaciones. Según varios expertos, muchos alumnos suelen poner todas sus esperanzas y expectativas en ese lapso de tiempo, pero la frustración puede volverse inevitable si uno esperaba que las vacaciones compensaran todo lo que arrastró durante meses y meses del año.

Es decir, en lugar de pasar el año pensando en que cuando lleguen las vacaciones uno va a recuperar fuerzas y descansar todo lo que necesita, cambia el chip: comienza a tener momentos de relax o distensión en su vida cotidiana. Hay que realizar cosas que nos diviertan, que permitan despejar la mente y pensar en otra cosa o, mejor aún, que no nos hagan pensar. ¡Nada como hacer deporte! De ese modo, la presión en la semana desaparecerá y así no estaremos con toda la expectativa puesta en las vacaciones y, con un poco de suerte, ¡no caeremos enfermos!

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